viernes, 1 de mayo de 2026

EN BRAZOS DE PATTI

Hablamos de las especies protegidas
de las especies en peligro de extinción
esclavos del Código Enigma
exhalamos la vaharada cósmica de la complejidad
capas tectónicas de la geología de la impostura
establecemos lazos invisibles
encriptados sonidos nocturnos
silencios de la multitud sonámbula
esta es -nosotros somos- la literatura del ocaso
una celebración agnóstica en la Rothko Chapel
un arcángel de luz caído en el asfalto
tiroteado por la espalda.

RADIO ETHIOPIA

DEVOTIONS

Así es como
vagamos por el campo helado
descalzos y con las manos vacías
apenas humanos.
Sorteando un desierto
que aún no conocemos;
aquí es donde el tiempo se detiene
y no tenemos adónde ir.

Patti Smith.

viernes, 24 de abril de 2026

SCIENCE FICTION

Suma a la contradicción la palabra de la luz,
el azaroso orden de los acontecimientos,
la mística escapada a la ciudad transparente de los prodigios.
Abraza el sinsentido como significado oculto,
olvida la queja de la llama que ilumina el eco de un nudo,
dibuja la geometría de la nada en la mirada de un niño.
Ya no eres el amante de los paraísos artificiales;
pero aún caminas por el jardín de los senderos que se bifurcan.
¡Qué alegría haber llegado hasta aquí con el paso cambiado!
Ecuaciones matemáticas de una transmigración inaudita:
deja brotar el agua en el manantial de las manifestaciones,
escribe tu nombre antiguo en el poema de otra vida.
Algunos enigmas pertenecen aún al sueño del demiurgo:
naipes marcados del Tarot de la ciencia y del delirio.
Y un solo observador que hace posible la existencia del mundo.
Alucinación introspectiva que imagina una Partícula Divina.

TAPE 05

RECUERDO PERDIDO

La conversación transcurre en medio de un silencio cósmico. Brock le pregunta a Ames:

—¿Participarás en el concurso?

—Sí. Sin duda —contesta Ames—. He soñado una nueva forma artística. Algo original.

Evocación de ondas sonoras y flujos energéticos en un vacío silencioso de longitudes de onda.

En su famoso artículo El final del arteArthur Danto sostiene la posibilidad de visiones filosóficas de la historia que permitan, e incluso demanden, una especulación sobre el futuro del arte. Estas visiones tendrían que ver con la pregunta sobre si el arte tiene futuro, pero también, y de una manera mucho más problemática, con aquellas preguntas que se interrogan sobre las características del arte venidero, es decir, sobre cómo serán las obras de arte futuras o cómo serán apreciadas. Danto llega a la conclusión de que "nada pertenece tanto a su propio tiempo como la incursión de una época en su futuro", y que, por tanto, cualquier posibilidad que imaginásemos remitiría inequívocamente a nuestro propio momento histórico. Si el artista visionario Albert Robida imaginó, en su serie titulada Le vingtième siècle, un futuro plagado de referencias a las formas o elementos ornamentales propios de su tiempo, Buck Rogers hizo lo propio en sus trabajos trasladando los lenguajes decorativos de la década de 1930 al siglo XXI. Cansada de su periplo por el futuro, la ciencia-ficción de hoy parece instalada en un presente de implantes tecnológicos o frías pantallas de mitos ciberpunks, en un universo de mundos paralelos y diosecillos cuánticos. Pero nada ni nadie parece dispuesto a imaginar cómo serán los artistas o el arte del futuro. No parece probable, por tanto, que en el futuro podamos encontrarnos con nada parecido.

En un breve y hermoso relato titulado Recuerdo perdidoIsaac Asimov recrea la posibilidad del último esfuerzo del arte y del fracaso del último artista. Brock y Ames son seres energéticos que llevan vagando por la galaxia infinita desde hace miles de siglos. La memoria hace que Ames (simple fusión de longitudes de onda) recuerde su propio pasado, una sombra indefinida de su pasado, y sienta la nerviosa tentación de compartirlo con Brock. Las cargas de energía que constituyen su individualidad y sus líneas de fuerza extendidas ponen a ambos en contacto. Brock le pregunta a Ames:

—¿Participarás en el concurso?

—Sí. Sin duda —contesta Ames—. He soñado una nueva forma artística. Algo original.

El posterior comentario de Brock parece el análisis pesimista de un crítico de arte actual ante un hecho consumado:

—¡Cuánto esfuerzo derrochado en vano! —exclama Brock—. ¿Cómo puedes creer que exista una nueva variante, después de dos mil siglos? No podemos descubrir nada nuevo.

Pero Ames ha tenido una intuición y cree encontrarse ante todo un descubrimiento. La materia, piensa Ames: una sinfonía de materia; abandonar por un momento la energía y experimentar con la materia. Lo que Ames está planteando a Brock es el recuerdo improbable de lo que ambos fueron en el pasado, la construcción de objetos e incluso formas abstractas que recuperen de alguna manera su rostro humano. A Brock, sin embargo, la idea le repugna: "no recuerdo nuestro aspecto", dice, "todos lo olvidaron ya". No obstante, Ames lo intentará acumulando materia dispersa en los intersticios de la galaxia, barriendo volúmenes de años-luz elevados al cubo, seleccionando átomos, obligando a la materia a disponerse en formas que creía conocidas y que no son más que juegos de su memoria. Toda la esperanza de Ames se concentrará en una pregunta:

—¿Qué hay de malo en recordar?

Para cuando Ames obtenga la respuesta ya será tarde, porque la superficie de su escultura no es más que una representación áspera y fría de su antigua forma humana, dulce y tibia, y el recuerdo que Brock buscaba evitar hará que ambos (hombre y mujer en el pasado) sientan el terrible vacío de lo perdido. Las lágrimas de materia de Brock anegarán la escultura y la fuerza de su energía partirá en dos la creación de Ames. Ames buscará a Brock siguiendo su rastro energético, en el inexorable destino de la vida, y la metáfora de Asimov situará al arte del futuro ante una última y definitiva alternativa: el recuerdo de lo humano, de lo que fue humano, incluso más allá de toda memoria posible.

EUTOW

LA GRAN ESPERANZA BLANCA

Todo juego procede ya de un juego anterior, de un juego que alguien lleva tiempo jugando. La gran esperanza blanca muestra así sus cartas. El futuro deberá organizarse como un enjambre espontáneo, o como un enjambre organizado, o no será nada. Esta será nuestra mejor arma para vencer al enemigo. El Estado es ya un bien anacrónico y no queda tiempo para los cuentos de espías. Jack London no pertenece a los relatos que habitan en nuestra época; es tan antiguo como los socios del Club de los Representantes o los miembros de las Comisiones de Investigación. Algunos de estos señores han pasado muy cerca, han tenido en sus manos aparatos y herramientas del presente, pero no han sabido interpretarlos; otros, en cambio, son piezas sin un recambio seguro. Los demás, si quieren sobrevivir, deberán aprender el idioma franco. Lo han escrito los profetas o, al menos, así lo hemos entendido nosotros. La gran esperanza blanca lleva tiempo proclamándolo: preparen las maletas, aprendan a ordenar las fronteras y el nuevo paladar cibergeográfico. Luego no digan que no les hemos avisado.

Pensar que un relato lleva en sí mismo una profunda carga de predicciones es querer avanzar demasiado. Bien, aceptemos que se trata de literatura de anticipación, de ciencia ficción o literatura fantástica. Al parecer, Julio Verne predijo la Internet, el Fax y la globalización en una obra de 1863. En París en el siglo XX, el telégrafo fotográfico, inventado en el siglo pasado por el profesor Giovanni Caselli, permitía enviar a cualquier parte del mundo el facsímil de cualquier escritura, autógrafo o dibujo, y firmar letras de cambio o contratos a diez mil kilómetros de distancia. Una máquina Lenoir, de 15 caballos de fuerza, copiaba sin pausa las cartas que quinientos empleados le iban entregando. Además, de forma solemne, en Londres, en 1903, dos científicos se pusieron en contacto después de hacer que sus despachos recorrieran toda la faz de la tierra. Sin embargo, a uno le gusta pensar que es posible un juego de lecturas infinitas; no existe la posibilidad de determinar cuál es la lectura "correcta". ¿De qué diablos estaba hablándonos Verne en su obra, qué diablos imaginamos nosotros al leerla? El texto, en sí mismo, no tiene ningún sentido o, al menos, no es posible su reducción a un único significado. Como escribe un buen amigo mío:

«El cuentakilómetros marca velocidades vertiginosas, pero en realidad no nos movemos ni un centimetro»

En Transit of Earth (1971), Arthur C. Clarke vaticinó que el hombre llegaría a Marte en 1994; el mismo Clarke reconocía al comienzo del siglo XXI que podríamos considerarnos afortunados si lo conseguimos antes del 2010. Por otro lado, cuando Prelude to Space fue publicado en 1951, le pareció un exceso de optimismo sugerir que se llevaría a cabo una misión a la Luna en 1978; sin embargo, las cosas se adelantaron casi en una década a sus predicciones. Y el capítulo titulado The Century Syndrome, de su novela The Ghost from the Grand Banks, de 1990, fue quizá la primera crónica dirigida al público en general sobre el famoso efecto del año 2.000, en la que describía su causa y la forma de resolverlo. Bien, aceptemos que se trata de literatura de anticipación, de ciencia ficción o literatura fantástica, pero ¿deben mover los profetas a la acción o distribuyen únicamente octavillas presuntuosas donde juegan al juego posible de los "futuros posibles"? ¿No somos nosotros los que, con el paso del tiempo y el devenir de los hechos, confirmamos a nuestro antojo los sentidos y las coincidencias de todos los sucesos? ¿No somos nosotros los que, finalmente, damos vida al relato, al mismo texto?

Ruego disculpas: este texto/relato es simplemente un texto/juego. La predicción del enjambre resultaba mucho más sencilla: una de las herramientas básicas, entre otras muchas, para probar su eficacia, se mostraba ya ante nosotros jugando también en nuestras mesas. Lo demás es fruto del azar y de la coincidencia. El candidato a Presidente se asomó a la ventana y los móviles brillaron como planetas rebeldes. Él, al parecer, no entendía nada; lo iría entendido, no cabe duda, con el paso del tiempo. Pero lo más importante se había producido: una confirmación absoluta entre la predicción y los deseos de los discípulos del escriba visionario. Está así escrito en todos los textos de informática. La crítica literaria, por lo demás, es un género de la literatura, pura literatura. Resulta mucho más divertido imaginar el pasado. Jorge Luis Borges lo sugiere en Nota para un cuento fantástico:

«En Wisconsin o en Texas o en Alabama los chicos juegan a la guerra y los dos bandos son el Norte y el Sur. Yo sé (todos lo saben) que la derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece, pero también sé imaginar que ese juego, que abarca más de un siglo y un continente, descubrirá algún día el arte divino de destejer el tiempo o, como dijo Pietro Damiano, de modificar el pasado. Si ello acontece, si en el decurso de los largos juegos el Sur humilla al Norte, el hoy gravitará sobre el ayer y los hombres de Lee serán vencedores en Gettysburg en los primeros días de julio de 1863 y la mano de Donne podrá dar fin a su poema sobre las transmigraciones de un alma y el viejo hidalgo Alonso Quijano conocerá el amor de Dulcinea y los ocho mil sajones de Hastings derrotarán a los normandos, como antes derrotaron a los noruegos, y Pitágoras no reconocerá en un pórtico de Argos el escudo que usó cuando era Euforbo».

Los niños juegan nerviosos con sus juguetes inalámbricos y nada tiene sentido; la rueda, mientras tanto, sigue girando. Los hombres, en cambio, hace tiempo que olvidaron los enjambres. Yo sé, escribió Borges: todos lo saben. ¿No somos nosotros los que, con el paso del tiempo y el devenir de los hechos, confirmamos a nuestro antojo los sentidos y las coincidencias de todos los sucesos? ¿No somos nosotros los que, finalmente, damos vida al relato, al mismo texto? No pretendemos confundirnos ante un sencillo problema de intoxicaciones. Esa historia, tan antigua como todas las historias, no merece la mención del futuro ni la sombra conectada de un profeta.

T69 COLLAPSE

LA CONFERENCIA

-Marco, ¿puedes acercarme la aguja?

-¿Una aguja nueva, descerebrado?

-Sí, una aguja nueva. La última que utilicé ya está oxidada.

En el fondo, algo se mueve: un insecto amarillo en una telaraña virtual, una interferencia caótica en el centro de la pantalla. La soledad compartida -capitani coraggiosi- invita sin duda al movimiento. El asesino -dicen- siempre está solo. Aunque inicie la conversación y rompa con ello el silencio; aunque construya, con el enjambre de sus palabras, la tabla de salvación donde conviven miles de sonidos intrascendentes.

Milán, 30 de junio de 2056. Un sabio y un asesino, intercambiables, compartiendo ambición y despacho. Conferencia: "Epistemología de la Metodología Estructural: Historia de Vida e Historia". Departamento de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras. Mañana mismo. Bajo su brazo derecho, una mesa de trabajo despejada, limpia como una virgen. A la izquierda, una aguja resplandeciente: una máquina de eliminar las dudas y asegurar el triunfo. No hace falta mucho para hacerse a la idea. Lo más original es también un libro o una estantería vacía. Todo se reduce a una ecuación de sombras. Un estafador colgado y un drogadicto. Cuatro litros de aliento sónico. Plumas para los reflejos y química en extracto para viajes cortos.

-Cuando me invitaron no sabían muy bien qué estaban convocando. No sé por qué acepté esta conferencia. Me gano la vida como puedo, pero esto excede mis conocimientos.

-Para eso tienes la máquina, idiota, es muy sencillo. La información líquida. Las antiguas autopistas de la información en apenas unas gotas: una aguja, y te mueres de gusto. Toda la Enciclopedia Británica en apenas unos segundos. Que uno no sabe nada de epistemología o de jerga postmoderna ¡Otra aguja y solucionado! Maravilla de cables de colores. Maravilla de mercado negro y nuevas tecnologías. Una pantalla, una jeringuilla conectada al Uno primordial, al universo mágico, y el viaje está garantizado. Borges hubiera disfrutado como un niño. Información y transacción, a fin de cuentas. Y ¿cuánto dices que te pagarán por esto?

Milán, 30 de junio de 2056: la Madonnina aún observa. La plaza del Duomo es una alfombra de palomas calcinadas. Università degli Studi di Milano, Piazza dell Ateneo Nuovo: un dibujo de Andrea Pazienza y una pintada en latín sobre un muro de cemento.

-¿Encuentras la vena? No escatimes, Antonio, no escatimes. Aún te quedan unas gotas, los dejarás a todos boquiabiertos. ¿Cuánto dices que te pagarán por esto?

A veces, la vida es tan falsa como un mal sueño. Los principales tejidos están dominados por una voluntad embriagadora. La degradación, en sí misma, ya no es una injusticia; forma parte regeneradora del medio ambiente. Hace muchos años que el saber pasó de poder a simple carrera de obstáculos. Los últimos serán los primeros, anunciaron los profetas, pero sin especificar jamás a qué precio.

-No sé. No sé por qué acepté esta conferencia.

-No pierdas más el tiempo. Mañana te espera la gloria: podrás abandonar el vertedero, asomarte al mundo. Volar y esas cosas; ya sabes a qué me refiero.

Es preciso asumir el riesgo; la conexión es tan rápida que, a menudo, estallan las prótesis. Pero las estadísticas indican una progresión imparable de los nuevos hábitos. Atrás quedan las quejas de los más pesimistas, de los ludditas y los ignorantes. Recuerdo a un sociólogo francés que avisó, a finales del siglo XX, de la enorme responsabilidad que el hombre acogía en su seno. Un mundo invivible, avisaba; un exceso de información inaprensible. El viejo velo, decía, como instrumento lúdico y comunicativo; pero también un producto peligroso y suicida. He aquí un mundo sin origen ni final, un entorno sin alteridad posible, un extraño y salvaje mundo. ¿Se estaba adelantando a su tiempo? ¿Se estaba refiriendo a esto?

-¡Mira, mira el atardecer, Marco: apenas si distingo el horizonte!

Sí, hay que estar muy loco para no beneficiarse del progreso. El nuevo mapa secreto se despliega en la oscuridad y miente cuando cierra nuestros ojos: a la sabiduría por la sobredosis, dice el crepúsculo. Ésta es la vida del sabio: un diálogo imposible con alguien que mira por encima del hombro y espera a quedarse solo.

La mejor ventana al conocimiento es una ventana abierta, o eso dicen.

Porque el asesino -dicen- siempre está solo.

EN BRAZOS DE PATTI

Hablamos de las especies protegidas de las especies en peligro de extinción esclavos del Código Enigma exhalamos la vaharada cósmica de l...